lunes, 13 de noviembre de 2017

Soledad

No sé por qué estos días he estado tan nostálgico. Quizás sea porque cumplí años hace poco. Qué decir. A mi mente vino el adolescente pálido que fui. Y casi como sacando cajas del desván, me vi a mí mismo pensando, sintiendo y odiando la soledad. Había olvidado por completo que había sido mi temática principal en este blog.

¿Quién era? Pues un jovencito que estudiaba de día y en las noches iba a aprender francés con gente mucho mayor. Un adolescente que le iba bien académicamente pero que no tenía amigos y que se amargaba la vida con preguntas existenciales. Me veo a mí mismo, sintonizando Ánimax, Cinemax, HBO y viendo películas sin parar. Caminando, día tras día a la biblioteca Virgilio Barco sin tocar un solo libro y con el único objetivo de ver el atardecer. Analizando los tonos violeta, naranja y verdosos que se mezclaban. Viendo las lucesitas de los aviones que aterrizaban en el oriente. 

En ese entonces fantaseaba con que alguien me rescataría. Que habría alguien que me entendería, que podría llegar al cuarto sin paredes que somos todos cuando nos mostramos tal cual somos. 

Y pensar que con los años me di cuenta que entre humanos hay abismos. Que a lo mejor, tender puentes entre almas es algo excepcional reservado para almas nobles. Quizás no sea el amor, o no los que he vivido. O los que he podido vivir.

¿Por qué este blog? Porque era una conversación que podía tener sin miedos. Porque podía ser introvertido, femenino, masculino, anciano, joven, erótico, melancólico. Y siento algo de paternalidad por la persona que fui, no sin antes preguntarme ¿qué es la soledad?

La soledad es cuando entre las islas no hay puentes.